#SusanaMene - Los "no afectados"

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La semana pasada oía a un grupo de personas hablando negativamente del feminismo. Reflejando en sus conversaciones su hartazgo por el feminismo. Ellos hablaban de la manipulación de sus hijas en el colegio. Del adoctrinamiento. Del odio hacia los hombres.

Ellas añadían que ya estaba todo hecho, que además cobraban el mismo sueldo como maestras que los hombres. Hablaban de que esto va encaminado hacia una guerra de sexos. Quizás estas personas no sepan que feminismo no es lo contrario que machismo. Que mientras el machismo supone la superioridad del hombre, el feminismo es la búsqueda de la igualdad entre sexos.

Está claro que las cosas no se ven igual cuando no te afectan. Es más, cuando eres un “no afectado” no quieres que te afecten. Quieres seguir siendo de ese grupo al que le va bien, y no quieres bajo ningún concepto que se aproxime a ti ni tan siquiera la idea de que a otras personas no les va bien. Como si fuese algo que se contagia y que te infecta.

Necesitamos que los “no afectados” abráis esas orejas y esos ojos que tenéis en la cabeza, para que escuchéis y veáis con todas vuestras fuerzas lo que nos está pasando a muchas mujeres.

Hace un par de meses un compañero colgaba en instagram una foto de un parque bastante oscuro, a primera hora de la mañana con la siguiente frase: “El ejercicio matutino antes del amanecer ofrece en ocasiones la serenidad de un camino apacible”. A mi me dio pánico ver la foto y pensar en la idea de correr a esas horas en solitario por ese parque de Madrid.

¿Os habéis preguntado porqué yo o tu vecina del tercero tenemos pánico a salir a correr solas por un sitio sin luz y sin gente?

Quizás esta sociedad necesita desarrollar más la empatía. Que esas mujeres y hombres no afectados por el machismo se fijen en las personas que les rodean; que nos escuchen, que nos pregunten, que nos hablen.

Cuántas veces se me ha hecho tarde en el bar con mi amiga Sonia, y al irnos nos hemos dicho mutuamente: “al llegar a casa mándame un mensaje para saber que estás bien”.

¿Sabéis por qué? Porque tenemos miedo a que algún tipo nos aborde en el camino. A que nos golpee, a que nos ataque, a que abuse de nosotras. Puro miedo.

No hay día que, volviendo sola a casa, no me acuerde de Laura Luelmo. Quizás porque como maestra interina, al igual que ella, he estado viviendo en muchas ciudades en las que no conocía a nadie, y me he sentido identificada. El día que escuché la noticia de lo que le había pasado, algo se me revolvió por dentro. Lo sentía demasiado cerca. Podía haber sido yo… Pero no debería haber sido ella, porque no debería haber sido nadie. Quizás los hombres y mujeres “no afectados” no sois capaces de tener este sentimiento.

La semana pasada me sorprendió una amiga, cuyo marido es guardia civil, al contarme que lleva siempre un spray de pimienta en su bolsa. Trabaja de investigadora en la Universidad y a menudo tiene que ir demasiado temprano o demasiado tarde para comprobar los experimentos que realiza. Lo lleva porque ha pasado y pasa miedo cuando vuelve sola a casa.

Ayer, en la cuarta planta del hospital, la doctora Blanco me hablaba del artículo Líderes de Manuel Vicent, en el cual decía que España es el país con menos violencia de género de Europa. ¿Será Manuel Vicent un “no afectado”?

No es una cuestión de en qué puesto del ranking estamos, como nos dice Manuel Vicent, es una cuestión de cuánta violencia de género hay en el entorno en que vivimos. Y la violencia de género en el entorno en que vivimos es más que demasiada.

Estamos ante un problema histórico y cultural que afecta a toda la sociedad. No podemos aceptar que los “no afectados” nos digan que ya estamos bien, que todo está bien. No podemos conformarnos con que nos digan que mi país es el primero de Europa con menos violencia, porque yo y todas las afectadas como yo aspiramos a más. No nos basta con ser líderes, porque aún nos queda un largo camino para acabar con la violencia de género. Todo sería mucho mejor y mucho más rápido si las mujeres y hombres “no afectados” tuviesen algo más de empatía. Pero tendremos que ir por el camino más largo. Como cuando vamos solas, con miedo y de noche, y decidimos ir por el camino largo, por las calles con más gente.

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